Una fotografía nocturna captada desde la Estación Espacial Internacional y divulgada por la NASA revela a Cuba mayoritariamente apagada. A diferencia de Florida y otras zonas del Caribe, en la isla solo se distinguen luces aisladas en La Habana y en algunas cabeceras provinciales, mientras amplias zonas del país permanecen en completa oscuridad.
Qatar destinó 4,5 millones de dólares al PNUD para rehabilitar la infraestructura energética en tres provincias cubanas, un apoyo que llega en medio de apagones, hospitales deteriorados y una dependencia creciente del Gobierno de La Habana de fondos internacionales. Aunque la ayuda busca restablecer servicios esenciales afectados por un huracán, la ausencia de reformas profundas mantiene intacta la fragilidad del sistema y alimenta dudas sobre el impacto real de estas intervenciones en la vida de la población.
El presunto fallecimiento de un turista estadounidense en el mirador de la cascada de Soroa, aún sin confirmación oficial, ha desatado denuncias sobre deterioro, advertencias ignoradas y falta de transparencia. Comentarios de visitantes y un testimonio previo de este redactor muestran que incidentes por deficiencias de seguridad no son hechos aislados dentro del turismo cubano.
La verdadera “smart city” cubana existe solo como artificio narrativo: una maqueta virtual sostenida por un poder que no acepta que el país está en su peor momento energético en décadas. La Habana real sigue ahí, con sus sombras, sus ruinas, su olor a cables quemados cuando vuelve la electricidad de golpe. Una ciudad que funciona por hábito, no por diseño; por resistencia, más que por planificación.
Si estabas pensando irte de Miami, tal vez valga la pena esperar. Entre el ruido político y el calor del asfalto, puede que esté gestándose una versión más sólida de la ciudad: una que combine oportunidad, innovación y una dosis de optimismo que, aunque a veces parezca ingenua, sigue siendo parte esencial de su identidad.
Lo que comenzó en 1992 como un simple rediseño del puente que conecta el downtown con Watson Island terminó convertido en la obra del Signature Bridge, una estructura que debía estar lista en 2027 y que ahora, tras el más reciente aplazamiento, no verá su fin antes de 2029. Y la Flagler lleva 14 años arreglándose.