El cuadro que traza la activista es el de una maquinaria estatal más preocupada por controlar la información que por contener el brote. Afirma que las reuniones del puesto de mando de epidemiología se realizan a diario en el INHEM, pero que a ese centro llegan “solo muestras sanas”, mientras en los barrios se disparan las muertes por causas que no aparecen en ninguna estadística. La frase que resume esa visión es contundente: “Cuba entera es el foco. Todos hemos enfermado o enfermaremos y no se puede predecir el número de muertes”.
Sin aventurar diagnósticos, los testimonios apuntan a un cuadro compatible con enfermedades transmitidas por mosquitos y cuadros gastrointestinales asociados a agua no segura. En contextos así, las recomendaciones comunitarias básicas son: eliminar criaderos (vaciar recipientes y charcos en patios y azoteas), usar repelente y mosquiteros, potabilizar el agua (hervirla cuando sea posible) y buscar atención médica ante fiebre sostenida, vómitos persistentes, decaimiento extremo o signos de deshidratación, especialmente en niños y embarazadas. Vecinos de Matanzas insisten en hidratarse y evitar automedicarse cuando se sospeche dengue, a falta de indicación profesional.