Los dos casos, separados por provincias y por fechas, comparten un punto ciego: la distancia entre el crimen y la justicia. La etiqueta de “bajo investigación” solo tiene sentido si se traduce en avances verificables. De lo contrario, es otra forma de impunidad. Las familias insisten en seguir: que se reabran líneas de pesquisa, que se actúe sobre información ciudadana y que nadie se acostumbre a la idea de que matar puede no tener consecuencias.
En ambos casos, lo que estaba sepultado bajo agua emerge como testimonio mudo, poderoso, que obliga a reflexionar sobre los relatos que olvidamos, y lo que estamos dispuestos a rescatar del fondo del tiempo.