Detrás de cada uno de estos casos hay una historia común: jóvenes que salieron de una isla sin futuro en busca de algo mejor, que cruzaron océanos y fronteras con las manos vacías y el corazón cargado de esperanza, y que terminaron muriendo lejos de los suyos, en un país que apenas los conocía. Sus madres, que este domingo celebraban su día, recibieron en cambio la peor noticia posible.