La historia se volvió viral por el llamamiento público de Ana García, una joven malagueña que viajaba en el tren siniestrado junto a su hermana Raquel y su mascota. Tras el impacto, Boro salió corriendo asustado y se perdió en los alrededores de Adamuz, mientras Ana resultaba herida y su hermana quedaba ingresada en estado grave. Desde entonces, la prioridad emocional de la familia fue encontrar al animal, al que describen como parte de su casa y un apoyo clave en medio de la angustia por la evolución médica de Raquel.
La investigación del accidente ferroviario en Adamuz apunta a fallos en la vía y el material, con análisis técnicos iniciales que descartan el error humano.