El querido actor cubano Jorge Martínez ha vuelto a conmover a sus seguidores, esta vez no por un personaje en escena, sino por una historia profundamente personal. A sus 64 años, decidió sellar en la piel un símbolo de resistencia junto a su hija Paola, como homenaje a la dura batalla que enfrentó contra el cáncer y que lo llevó a perder un pulmón.
El tatuaje en cuestión representa un pulmón sano y, en el lugar donde debería estar el otro, un racimo de flores. La imagen fue colocada precisamente en la zona afectada por la cirugía, convirtiéndose en una metáfora visual de renacimiento. Donde antes hubo enfermedad y pérdida, ahora florece vida.
Aunque el tatuaje fue realizado meses atrás, una fotografía reciente comenzó a circular con fuerza en redes sociales, despertando mensajes de admiración y apoyo. Muchos usuarios elogiaron la actitud positiva del actor y la forma en que ha compartido con honestidad su proceso de recuperación.
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La enfermedad marcó uno de los momentos más difíciles de su vida. En publicaciones anteriores, Martínez recordó que el vínculo con su hija fue el motor que lo sostuvo en los días más oscuros. “Yo llegaba de la quimioterapia, adolorido, sufriendo, pero su presencia me motivó y me dio fuerzas; ella no podía sufrir, me quitaba el esparadrapo y tenía que fingir que todo estaba bien”, escribió.
El tratamiento fue agresivo. Según contó, los médicos tuvieron que extirparle la glándula suprarrenal y, apenas 20 días después, retirarle el pulmón para evitar una metástasis. El proceso estuvo acompañado de complicaciones severas. “Me quitaron la glándula suprarrenal y a los 20 días me sacaron el pulmón evitando una metástasis, tuve una fiebre muy alta, todavía con el drenaje de la operación, cerca de las 12 de la noche tuve un episodio fuerte con mi salud y lo único que le dije a mi esposa fue que se llevara a mi hija a casa del vecino, no quería que me viera morir”.
Fueron diez días en terapia intensiva que marcaron un antes y un después. “Estuve 10 días en terapia intensiva y mi único pensamiento era mi hija, porque además sentía que no me había despedido de ella. Gracias a Dios sigo vivo, me he recuperado gracias también al apoyo de mucha gente, de los doctores, amigos, de mi pueblo, pero sobre todo, gracias al amor que siento por mi hija”.
A decir de sus fans, el gesto compartido entre padre e hija trasciende lo estético. Es una declaración pública de amor y resiliencia. También es un recordatorio de que las cicatrices pueden transformarse en símbolos de fortaleza.
















