Hackman, Redford y Duvall: ¿los peores 365 días de Hollywood?

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Entre el 18 de febrero de 2025 y el 15 de febrero de 2026, Hollywood vivió un ciclo de pérdidas que, por la magnitud simbólica de los nombres involucrados, lanza una pregunta hacia la industria cultural: si puede considerarse este último año contable, como uno de los más duros para la memoria del cine estadounidense.

La pregunta no es retórica y tiene todo el fundamento que pueda sustentarla. Y es que en ese intervalo (últimos 365 días) murieron Gene Hackman (18 de febrero de 2025), Robert Redford (16 de septiembre de 2025) y Robert Duvall (15 de febrero de 2026), tres figuras centrales del imaginario cinematográfico de la segunda mitad del siglo XX, asociados al llamado Nuevo Hollywood y a una tradición interpretativa que marcó estándares de oficio, presencia y credibilidad dramática. Tres grandísimos actores que marcaron toda una generación.

A ese mismo ciclo se sumaron otras muertes que ampliaron la sensación de cierre generacional. Diane Keaton falleció el 11 de octubre de 2025, figura clave no solo por su carrera como actriz —de Annie Hall a El padrino— sino por su influencia en la estética y sensibilidad de una época. Ya en febrero de 2026 se confirmó la muerte de James Van Der Beek (11 de febrero), representante de una generación posterior y rostro emblemático de la cultura televisiva de finales de los noventa, cuyo fallecimiento introdujo un contraste entre leyendas longevas y pérdidas más tempranas.

El impacto acumulado de estos nombres explica por qué la conversación hacia la idea de “los peores 365 días”. Hackman simbolizaba una forma de intensidad actoral cruda, alejada del artificio; Redford encarnaba el puente entre estrella clásica, conciencia política e institucionalidad cinematográfica; Duvall representaba la precisión del actor de carácter capaz de dominar la pantalla desde la contención. Keaton aportaba la dimensión de modernidad y complejidad femenina en el cine estadounidense, mientras que Van Der Beek recordaba la influencia cultural de la televisión en la construcción de iconos generacionales. ¿Alguna vez, en un periodo similar de tiempo murieron tantas de las mejores estrellas del cine en Hollywood? Probablemente no, pero sin embargo, evaluar si este periodo puede considerarse objetivamente el más duro, obliga a compararlo con otros momentos históricos que concentraron pérdidas de enorme resonancia.

El año 2016 permanece como referencia obligada. En cuestión de meses fallecieron Alan Rickman (14 de enero de 2016), Gene Wilder (29 de agosto de 2016), Carrie Fisher (27 de diciembre de 2016) y Debbie Reynolds (28 de diciembre de 2016), además del músico Prince, entre otros nombres. Sin menospreciar a ninguno, es probable que no hayan tenido la carrera que tuvo Redford, por ejemplo. Eso sí, la sucesión casi ininterrumpida de muertes provocó entonces una sensación de duelo colectivo prolongado, reforzada por la diversidad de ámbitos —cine, televisión y música— en los que se produjeron las pérdidas.

Un fenómeno comparable ocurrió en 2020, en pleno contexto de pandemia, cuando murieron Kirk Douglas (5 de febrero de 2020), Olivia de Havilland (26 de julio de 2020), Chadwick Boseman (28 de agosto de 2020) y Sean Connery (31 de octubre de 2020). Y aunque la separación entre una muerte y otra dio cierto alivio ese año, no puede menos que señalarse que al menos tres de ellos, Olivia, Kirk y Sean Connery fueron verdaderos pesos pesados en su momento; aunque de Boseman no se puede decir menos. Quizás nos dolieron más sus muertes, porque a la relevancia individual de cada figura se sumaba un clima global marcado por la incertidumbre sanitaria y la percepción generalizada de fragilidad, lo que amplificó el impacto emocional de los obituarios.

Frente a esos antecedentes, el periodo 2025-2026 presenta una característica distinta: no necesariamente una mayor concentración numérica, sino una alineación de figuras que representan un mismo arco histórico del cine estadounidense. Hackman, Redford y Duvall no solo compartieron época; también simbolizaron un modelo de cine adulto, centrado en personajes complejos y narrativas de ambición moral, que definió el prestigio cultural de Hollywood durante décadas.

Otro elemento que influye en la percepción actual es el ecosistema mediático contemporáneo. La circulación inmediata de homenajes, clips y retrospectivas en redes sociales intensifica la sensación de continuidad en el duelo, incluso cuando los fallecimientos se distribuyen a lo largo de meses. La memoria cultural se construye hoy en tiempo real, lo que puede hacer que un año se perciba más cargado emocionalmente que otros con cifras similares.

Además, la industria atraviesa una transición estructural hacia modelos dominados por franquicias globales y plataformas de streaming, donde el concepto tradicional de “estrella” tiene un peso diferente. En ese contexto, la desaparición de figuras asociadas a la era del actor como eje del relato se interpreta como señal de transformación profunda, no solo como pérdida individual.

La pregunta sobre si estos han sido los peores 365 días para Hollywood admite, por tanto, una respuesta matizada. Desde el punto de vista estrictamente histórico, periodos como 2016 o 2020 muestran concentraciones de pérdidas igualmente devastadoras o incluso mayores. Sin embargo, el último ciclo destaca por la coherencia simbólica de los nombres involucrados y por la sensación de cierre que producen en la narrativa cultural del cine estadounidense.

Más que un récord de obituarios, lo que define este momento es la percepción de que una generación que moldeó el lenguaje y la identidad de Hollywood está desapareciendo de manera visible. Cada muerte funciona como recordatorio de un legado que sigue influyendo en la industria contemporánea, incluso en un panorama dominado por nuevas dinámicas de producción y consumo.

En última instancia, la idea de “los peores 365 días” refleja tanto una realidad —la pérdida de figuras esenciales— como una emoción colectiva: la conciencia de que el cine que formó a varias generaciones entra definitivamente en la historia.

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