La frase puede sonar divertida, pero trae una advertencia escondida: el recuerdo de una telenovela vinculada a una pausa total obliga a pensar qué han perdido todos estos años. Entre apagones y consensos, la isla no necesita suspender racionamientos para una novela. Lo que necesita es que la corriente —y la voluntad política— fluyan hacia un servicio público digno. Y sí, si aligeran el humor, no vendrían mal buenas telenovelas brasileñas para alegrar las luces.