El fotorreportero oficialista Roberto Suárez denunció un intento de robo de tuberías de gas en su edificio y la ausencia total de respuesta estatal ante un peligroso salidero. El episodio contrasta con años dedicados a promover la narrativa oficial y lo obliga a enfrentar la precariedad que suele evitar en sus fotos.
El episodio volvió a poner sobre la mesa la desconfianza del público en los canales de comunicación locales, así como la facilidad con que la falta de precisión informativa puede convertir un intento de control en objeto de burla colectiva.
Mientras la prensa oficial se esfuerza por proyectar una imagen de control y eficacia, los internautas continúan mostrando la verdad: una población que enfrenta, en soledad, los estragos de un huracán que dejó huellas profundas y que, lejos de lo anunciado, no fue simplemente un obstáculo superado.
Se trata de un nuevo capítulo en el que los funcionarios del gobierno cubano se niegan a rendir cuentas antes la prensa que el mismo gobierno controla.